Hace dos meses asesiné en mi memoria “Las calles de Madrid”, apagué la luz de mi portal y me mudé de vida. Me cansé de esperar algo que nunca llegaría. Recuperé la razón y cerré la cama de mentiras punzantes donde dormía. Demasiado desgastada quedó la calle que llevaba tu nombre de tanto ir y volver por ella.
El camino mal andado sólo me ha llevado a otro destino diferente. Llegué hasta el final de tu oscura calle y me arde de mirar atrás, aún teniendo miedo, para querer comenzar 12 veces más. Adios mi estúpida y pobre calle de Madrid, porque sin mi sólo serás fachada, nombre y gente que viene y va sin pararse a mirar si tienes grietas o si te vas a derrumbar; sin mi no habrá flores en tu balcón, ni niños, ni sentimientos, ni miradas, ni verdad, ni vida, ni paseos, sin mi no serás nada. Sólo una calle solitaria, un número más, el numero 32, una calle muy fría, muy triste y siempre vacía.
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